RAFAEL FARÍAS BECERRA

En estos fragmentos de Los paisajes de la crisis o la crisis de los paisajes, Rafael Farías retoma la potencialidad alegórica del lenguaje poético, esa capacidad que tiene la poesía de construir territorios subjetivos con alcances simbólicos insospechados y múltiples. A partir de una voz en primera persona, se va desplegando el viaje alucinado y pesadillesco del insomne, o el preso que nunca acaba de despertar. Entre medusas, piedras y acantilados, asistimos al hundimiento de la voz en un paisaje acuático que más tarde se nos revelará como la isla Dawson, antiguo centro de tortura y desaparición. Hoy, ese nombre se resignifica para abrirse como paisaje en crisis en donde los ojos siguen desprendiéndose de sus órbitas (eco inequívoco de las violencias de estado actuales), “porque en la inercia de estos paisajes todo volvía a arder y despertar”, y en ese escenario atragantarse no es una posibilidad.

Los paisajes de la crisis
o la crisis de los paisajes
(fragmentos)

*

Cuando desperté aún seguía temblando,
pero antes había comenzado a temblar en mi cabeza

*

Esperé a que llegara la noche y esos espectros volvieran a tirarme del pelo con sus tentáculos, volvieran a escindirme el cuerpo en elasticidades e intentaran ahogarme con la respiración de las medusas.

De pronto, parecía una de esas mantarrayas eléctricas cortando la extensión del océano, deslizándome entre las piedras suspendidas en el aire. La arena continuaba removiéndose, porque mi país eran estas crisis y en sus trayectos subterráneos, aún existía un magma estallando en intensidades.

Era como si las corrientes de mis nervios fueran algas en un terreno de deslumbrantes arrecifes y ya no existieran flujos de pensamientos sino acantilados, donde se arremolinan vientos y se aproximan aguas con extraños animales visitantes.

*

Como alguien que mira desde abajo la llovizna, desperté sobresaltado y con mis manos temblorosas. Fue como si cayera al abismo azul de mi cama y las medusas me quisieran arrancar la voz, quisieran estrangular el espacio de mi garganta, extraer la resonancia de mi cuerpo latente. Pero la voz aún no me volvía al cuerpo... En la desesperación de despertar sin raíces fónicas. Sin la articulación de una lengua desplegar su canto.

*

Avisté de pronto un campo de flores violáceas flotando en el océano. Pensé que se trataba de una marea de medusas que varaban en estas costas, pero a poco acercarme comprendí que ese derrame de erizos no eran sino ojos, cientos de ojos, miles de ojos descendiendo con la velocidad de los cometas hacia el fondo histórico del mar.

Quise acercarme: acariciar la cápsula de su iris; mirarme en el vidrio de sus pupilas.
Quise hacerlos respirar: encender sus órganos; apretar cada filamento estremeciendo con mis manos la médula visual.

Sumergido en este trance no podía darme cuenta que un nuevo cardumen comenzaba a hervir allá abajo. Nuevos seres salían desde la falla de estas planicies, mientras los cipreses se remecían entre bélicas corrientes. Un extraño magnetismo había cambiado para siempre el trayecto de los vientos, porque en la inercia de estos paisajes todo volvía a arder y despertar.

*

ESTA OBSCENIDAD NO TIENE RAÍCES SUBTERRÁNEAS
ES UNA VEGETACIÓN ROBUSTA Y CONSISTENTE
DENSIFICANDO LA TRAMA DE LOS PAISAJES
CRECIENDO EN LAS REGIONES MÁS SOLEADAS DE LO REAL
ESTE SECUESTRO AL DESCAMPADO DEL OTRX
ESTA ANIQUILACIÓN MATERIAL DE SERES
QUE COMPONEN NUESTRO JARDÍN IMAGINARIO
–ESTE GOCE EN LA LESIÓN–
TODA SU EXCITACIÓN AL VIOLENTAR EL BIOS
HA SOSTENIDO A NUESTRA PATOLÓGICA FAUNA
HA QUERIDO CONVERTIR NUESTROS FILAMENTOS
EN ATROFIADAS NATURALEZAS
HA HECHO DE LOS DESIERTOS FLORIDOS
EL PAÍS DE LAS MORBILIDADES ONÍRICAS

*

My octopus:

Como en un viaje cósmico vuelvo a entrar de noche a este fluctuante bosque de algas, mientras siento cómo danzan y se enredan en mi tímpano los cantos de fantasmales ballenas. Un sumergimiento por el océano de nuestra psiquis, sólo para volverte a encontrar en el móvil tejido de los espectros acuáticos. Sentir que también extiendo mis tentáculos hacia ti y en ese ligero traspaso de energías, mis ventosas toman el térmico color de tu piel, la rugosidad volcánica de tus texturas, la fibra pensante que hace aleatorio el manto eléctrico de nuestro recíproco inconsciente. En un gesto envolvente de hojas acuáticas improvisamos un nido invisible, porque en estas aguas no deja de haber persecuciones, en nuestros sueños, no deja de estar revuelto el sedimento. Como un animal que regenera sus extremidades tiendo hacia ti rizomáticos destellos. Es nuestro buceo psycho: un diálogo de torsiones donde viajamos coronados de anémonas.

*

Las medusas han vuelto por mí, pero esta vez debía calmarme y respirar.
Recordar aquellos paisajes que soñé bajo la extática de las piedras levantadas por los temblores.
Recostarme y alucinar sobre el agua movediza de los sueños.
Sentir las fracturas de esta tierra en el cuerpo.
Observar con los ojos abiertos y maravillados las nubes pasando frenéticas en la altura.
Así lo hice y me recosté como un chamán postnihilista a disfrutar, sobre los desiertos del aire, ciertos pasajes de la crisis.

*

Como si la vista fuera un boomerang dislocando los cielos, me deslicé sobre los glaciares
del cerebro. Al borde de sus polos escuchaba el delirio de los ventisqueros. Me adentraba
en ellos como en una polifonía oscura arrebatando a la naturaleza. Los paisajes se quiebran
[...] se desprenden.
Me sentía adentro de sus órganos, entre glándulas de hielo escuchando una música apenas
lejana.
–Vete de Dawson, escuché.
–Una vez que se abran los pantanos y las descargas rompan los cuerpos como cristales
sobre la nieve, ve a los roqueríos. Escucha los rumores que trae la niebla. Sueña con esos
faros y escucha el mar en tu cerebro (Escucha el mar en tu cerebro). Traza un nuevo mapa.
Da vuelta la geografía. Vuelve a poner los hielos a la altura de los cielos inestables.
Encuentra el fuego Ona y déjalo prendido para nuevos visitantes.

Rafael Farías Becerra (Santiago de Chile, 1982). Poeta y ensayista. Ha publicado el poemario Tras el espejo o las bellezas que somos allí (2007) en revista literaria katharsis (España) y los libros de poesía Demos (2011) y La célula inhabitable (2013) por Editorial Desbordes (Santiago de Chile). Ha sido gestor y editor de revistas como Lingüa Quiltra (Universidad de Santiago de Chile), Resonancias. Revista de Filosofía (Universidad de Chile), Editorial Desbordes y Revista Extrabismos. Es Magíster y Doctor en Filosofía (Universidad de Chile), desarrollando su investigación doctoral en la Universidad de Barcelona y en la Universidad París 8. Es académico adjunto de la Universidad Mayor. Asimismo, ha sido dirigente sindical en centros educativos y director del Movimiento Social Playa Hermosa. En defensa del borde costero (Pichilemu).