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LA CAPUCHINA COMO REALIDAD

Arkadi Dragomóshenko (1946-2012) fue poeta, ensayista y traductor. Nació en Posdam, Alemania, y vivió su juventud en Vinnitsa, Ucrania. Aunque escribió su obra en ruso, él mismo reconoció que el barroco literario ucraniano del siglo XVIII –con sus cadencias suaves, su estilo metafórico y su mezcla de lenguajes técnicos y coloquiales– fue clave en su formación como escritor, así como el hecho de haber crecido en un contexto (la Ucrania occidental) en donde también se hablaba polaco, moldavo, yiddish, húngaro y rumano. En 1969 se instaló en Leningrado (actual San Petersburgo) y tuvo contacto con los poetas metarrealistas de Moscú.

Su obra destaca por su vocación experimental, su interés por el lenguaje y su mirada exploratoria, que algunos críticos han tildado de “lucreciana”. Es reconocido por ser un poeta abiertamente filosófico, y se mostró muy interesado por las filosofías del lenguaje y la fenomenología de la percepción. Fue traductor de poesía estadounidense (John Ashbery, Charles Olson, W. C. Williams, entre otros) y tuvo una relación muy estrecha con la poeta Lyn Hejinian, a través de quien entró en contacto con la Language Poetry estadounidense.

El poema que aquí presentamos, “La capuchina como realidad”, es un poema extenso dividido en 12 partes, de las cuales he realizado una selección. Pieza clave de la poesía rusa contemporánea, es un poema inspirado en la figura de la flor capuchina, la que a través de una intensa labor de excavación se va relevando, capa tras capa, como un cosmos en donde algo inexpresable –¿la muerte?, ¿el cambio?– palpita en su núcleo.

Traducción de Fernando García Moggia


La capuchina como realidad (fragmentos)

Y luego, vestida, bebes el agua fría de las jarras.

Velimir Jlébnikov

1

La experiencia de describir un objeto aislado se define por la previsión del desenlace: una mirada sobre el hombro de otro. La capuchina se compone de agujeros en la ventana lluviosa, para sí misma: ante, para mí: detrás. ¿A quién pertenece el tembloroso fulgor del develamiento, la abertura de preposiciones de doble filo sobre el plano que oscila, la transparencia deslumbrante del cristal?

3

La capuchina vibrante (inmersión del abejorro en la confusión sin fin de las alas) en el hilo de las intenciones refuerza el borde (algo falla en los ojos, desconectan con la mente) de la materia verbal y sustantiva de la flor, el tejido, redondeado y fúnebre, abre (los arbustos vociferan por doquier, a los amigos del otoño se asemejan) sus pétalos en el crepúsculo (el conocimiento, in-corporándose, los absorbe con cuidado y los conecta con redes capilares, innumerables: la capuchina es un segmento del trazado neuronal).

8

Donde la voluntad asume el sentido del deseo apoyarse en el pelillo de la ventisca Eran ocho alrededor de su cama. Ella tuvo que contarlos: el primero o el noveno en el hedor de las células desintegradas (horror infantil: daban náuseas al ver el brillo de la cera deslizándose por la dulce máscara, su boca fluía desde las orejas, y el olor de las velas en el humo del recuerdo — como un tronco sin corteza, yacía sobre la tierra negra) y en la pudrición de los dulces vínculos —cuajo de luna naciente— acostumbrados a la división de los tiempos… … y solo la mirada de los otros sostiene, en lo invisible, el plasma. Pero escribes que “la discontinuidad”, “la espera” —pierdes sentido y sustancia, como un tercer color— la entretejían en un diseño que desconoce los nudos, y cada vez más insoportable crecía en ti el significado de “ella”, mientras se realizaba la discreta labor de extraer el sentido (tú, ella) desde las envolturas maternas del dolor, el silencio de la simetría desmigajándose ante la inconmensurable cercanía del límite. Y oscuro crecía el árbol frente a ti, y el viento guiaba (confundiendo los nombres) las briznas blancas del pasto. Y aquí, en el año cuarenta y uno de vida, un tonto mimado de las nubes gélidas guía su cerebro con los ojos por la espiral de polillas, y obsesionado anda a saber con qué fantasías, testeando los dedos del oficio, examinaba yo el trasfondo de los hechos, atento al rumor de las palabras borradas, su brillo, listo para exponer los defectos de la precisión con algo como: “lo que ves sobre el hombro de otro, eso eres, y el hombro de otro de nuevo; sin fuerza para continuar cualquier cosa, en el conocimiento que divide en la unidad”. Manual de gramática: paisaje. En la X de la comparación resplandece la capuchina substituta. Se arrastra tras el alféizar. Un poco de frío. Brilla suavemente. El atardecer.

12

La capuchina (“flor de la sangre”) es la procesión sin retroceso de las formas. El coro geológico de voces reptantes, unas con otras, diseccionándose, cuando el día convierte a la tarde en un cerro arrastrado por el insomnio, y un gorjeo se cuela por la boca de un anciano en la banca, sus dedos anudados como figuras de ajedrez, de vuelta del otro lado de la luna. Y el grito de un idiota, también, a través de la congestión de abedules, deslizamientos, donde compruebas el tercer año del reloj. Los mismos giros, página que echa raíces en la madera en bruto de la mesa, un estanque de parafina en la bencinera acumulando calor en el lente, la cara en la intriga de una disección anticorrosiva. Capa del centro arquitectónico. Una partícula se desvincula de la oración, de sus rezos, pero ver, enhebrando lo visto por la aguja—su codicia calza con la impecabilidad de la elección: la abertura más estrecha de las formas. Rueda vacía por la pendiente. La capuchina y el fuego.

НАСТУРЦИЯ КАК РЕАЛЬНОСТЬ

Потом одетая воду холодную пьешь из кувшинов

Велемир Хлебников

1

Опыт описания изолированного предмета определен предвосхищеньем итога - взглядом через плечо другого. Настурция состоит из дождливой прорвы окна для самой себя "до", Для меня - "за". Кому достоянье рдеющей дрожи спрессованного обнажения в проеме обоюдоострых предлогов у створчатой плоскости прозрачность разящей стекла?

3

Вибрирующая настурция (погруженье) шмеля в недопитую оторопь крыльев) в пряже намерений укрепляет края (что-то происходит с глазами - не достигают ума) материи в существительной косно-словесной ткани цветка, - распускает округлые траурно в сумерках (всюду гортанных кустов на излете в друзьях осени их уподобим) листья. (знание, принадлежащее мне, ее бережно впитывает, подключая к неисчислимым сетям капилляров: настурция - это отрезок нейронной струны...)

8

Где воля обретает смысл желанья на волос опереться сквозняка. Вас было восемь у ее постели. Ей счет начать предстало: первой иль девятой в распаде клеток смрадно (детский ужас! - вдвигавший рвоты клык при виде глянца воска, идущего на сладостную маску, чей рот текуч с ушей, и запаха свечей в чаду воспоминания о том, кто, как бревно со снятою корою; простерто в жирном черноземе!) И в тленьи милых связей - юнолунья завязь - привычных в разделении времен. И только взгляд других незримо плазму держит... Но пишешь ты, что "ожидание", "прерывность", теряя смысл и естество, как третий цвет меж тем ее вплетали в свой, исполнения не знающий узлов, узор, и все невыносимей зрело в тебе значение "ее", тогда как шла неброская работа по изведенью мысли (ты, она) из оболочек материнских боли, безмолвие симметрии кроша безмерной близостью предела. И дерево темнело пред тобой, и ветер-поводырь вел белую траву, смешавшую свои именованья... А здесь, на сорок первом жизни, дураковатый баловень холодных облаков, ведя глазами мозг по кругу мотыльков и, одержим невесть какой затеей, испытывая пальцев ремесло, я подоплеку изучал событий в прослушиваньи блеска стертых слов, изъяны точности истолковать готовый, как - "все, что видишь чрез плечо другого, уже - есть ты, и вновь плечо другого; бессильный что-либо продолжить в познаньи, разлучающем в едином..." Пособие грамматики - пейзаж сквозь Х сравненья подстановкой брезжит, настурцией. Ползет за подоконник. Немного холодно. Слегка знобит. Закат.

12

Настурция - это неубывающее шествие форм, геологический хор голосов, наползающих, орущих вскрывающих друг друга, когда день претворяет вечер в наметенный бессонницы холм, а щебет заползает в рот старика на скамейке, чьи пальцы узловаты, как шахматные фигуры, возвращенные платиной с той стороны луны, но крик сквозь березовые оползни духоты, по которому сверяешь часы третий год. Те же стрижи, бумага, пустившая корни в шершавое дерево столешницы, газгольдер за переездом у бензоколонки, собирающий в линзу зной, лицо в интригу антикоррозийного покрытия. Слой архитектуры центра. Молекула не имеет отношения к молитве. Но видеть. Вдевая увиденное в иглу, жадность коей подстать безукоризненности ее выбора - тончайшего отверстия формы.

Fernando García Moggia (Viña del Mar, Chile, 1990) es poeta y traductor. Ha publicado el libro de poesía Cuídate del agua mansa (Col. Adonáis, Premio Internacional Alegría-José Hierro 2022, España) y, en traducción, el libro Mi doble erótico - Antología poética de John Ashbery (Mundana Ed., Chile, 2025). Es coeditor de la Revista Saranchá.

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