MARCELLO DINALI

el infierno no es estar solo
contra la luz del ordenador el osito rosa casi transparente me parece más un alien que un osito su cabeza alargada hacia atrás no da la sensación que debe dar un osito de gomita me produce un escalofrío junto con el salivar en los costados de la boca al fondo como por las muelas es la respuesta a la memoria de eso levemente ácido que tiene el azúcar con algún otro elemento que finalmente lo vuelve determinado un reflejo adquirido en una tienda que solo vende chuches igual venden globos con saludos de cumpleaños como feliz cumpleaños felicidades unicornios donde yo con esas palitas pequeñas que están por doquier saqué cocacolas moras ladrillos nubes ositos rojos y azules y amarillos y el osito rosa que es como una degradación de color anómala de otros ositos de color rojo más intenso que también puse en la bolsa pagué menos de tres euros y fueron un montón de chuches me senté en la banca del paseo y me comí más de la mitad en un arrebato de azúcar mientras escuchaba un disco de marduk que me recomendó spotify y creo que es el último pero en vivo incluso se me cayó una cocacola al suelo y me la comí igual y este osito que sostengo con mis dedos frente a la pantalla del ordenador es uno de los pocos sobrevivientes que cumplen la función de acompañarme mientras intento escribir un cuento de una persona que se quedó atrapada en una imagen liminal de tanto mirarla y ahora recorre las habitaciones vacías del piso de un edificio de oficinas y la luz es tenue y el lugar está con algunas mesas ordenadas y otras habitaciones están vacías iluminadas con neones débiles y el tipo recorre un cuarto y pasa al siguiente cuarto y está vacío también y camina lento sale al pasillo y no hay nadie y todas las puertas llevan a cuartos vacíos ni una puerta es una salida tampoco es dar vueltas en círculos siempre hay una habitación nueva donde entrar las puertas están abiertas pero nunca hay nada y el infierno no es estar solo el infierno es la eternidad el quedarse atrapado en el supermercado cuando cierran olvidado cuando apagan las luces porque tu madre se resiste a abandonar el lugar a pesar de que ya es el segundo aviso por altavoces de que el horario de atención se ha terminado y se debe pasar por caja y ella sigue metiendo cosas al carro y se le olvidan los huevos y sale corriendo ¡vuelvo enseguida! no seas llorón pero ya no hay nadie atendiendo y ella nunca vuelve y comienzan a apagar algunas luces pero ella nunca regresó en la oscuridad algunas cosas se mueven sutilmente los vivos no pueden interrumpir la oscuridad cuando se olvidan de un niño se lo come la noche se desintegra cae en un espacio liminal de supermercado o de centro comercial en que no acontece nada el purgatorio es peor que el cielo perdidos quedan siempre no es que se encuentren todos los perdidos juntos como los ositos en los compartimientos de la tienda de chuches la perdición es individual y si se pone la oreja en la pared de algunos compartimientos se escucha estoy tan sola y solo queda una gomita rodeada de algunos granos de azúcar las luces de la tienda se apagan y las fresas se pegan unas con otras con su glucosa para no escuchar los quejidos desesperados desde otros compartimientos cuando las cosas se quedan solas se mueven sutilmente una pinza se cae y el golpe retumba en la oscuridad sin que nadie lo escuche
Marcello Dinali (Viña del Mar, Chile, 1978) es Licenciado en Filosofía y Máster en Periodismo literario. Ha colaborado en diversos proyectos editoriales, destacando su participación en el grupo literario Empédocles y la revista del mismo nombre. Sus poemas y cuentos han sido publicados en numerosas revistas y antologías, entre ellas Puro Cuento (2004), Not in our name (2014) y El descuento (2024). Actualmente coedita el fanzine Sombra y Sujeto y el proyecto Las Letanías de Satán, además de dirigir el Taller Nómade de literatura en Barcelona.