diego urzúa valdés

La poesía tiene, a veces, el poder de situarnos en territorios específicos; de hacernos sentir determinados olores, texturas y sensaciones que se materializan misteriosamente a través de la lectura. Es lo que ha conseguido Diego Urzúa Valdés con estos textos –a medio camino entre la poesía, la narrativa y el diario íntimo– que funcionan como una “amplitud modulada” del paisaje nortino chileno, un paréntesis entre el mar y la montaña, entre el desierto y las estrellas.
AMPLITUD MODULADA
vivir así es morir de amor
ascendíamos entre empinadas cumbres dibujadas en la desolación de un paisaje mudo el movimiento nacía del auto provocando la inercia de nuestros cuerpos la arenilla zurcía su fuerza en nuestra piel formando una lamina cristalina mientras vemos la luna aclarecer en un cielo iluminado: éramos también en el medio del mar podía ser lo mismo pensamos el bote de tantas veces pero ahora en un mar de bosques muertos buitres y rojas piedras sumergidas en otras piedras estoy ahí y tú también bebiendo el aire como tomamos la lluvia dulce y las gotas saladas fijaste la vista a los cerros pausados que se levantan como se levantan las aves acumulando una sequedad punzante en nuestros ojos bien sabemos que el mar no puede estropearse a sí mismo: masa inagotable ante nosotros: perecederos que algún día cierto e impredecible podríamos tener raíces rodeando el tórax o podrán unas manos lisas desvanecernos en el aire y al mismo bote en el que paseábamos le nacería un ancla inservible hundiéndose por siempre a cualquier altura del mar sea de agua o dunas anclados al mineral subterráneo pero por ahora reímos mientras las mariposas se escapan de las mantis escondidas y ahí sonreíremos al ver que el sol del valle se esconde tarde y que por la tarde ya es tibio como un abrazo en medio de la noche en la despejada intemperie nortina
ahora crece lo que nos crece y todo lo demás se ha diluido a ser un color y ni eso a ser una sombra bordeando el punto en que una luz la borra.
ni un poco de luz en sus ojos profundos
sujetabas un poco de polvo en tu mano levantándola rápidamente hasta escurrirse en el viento que venía desde oeste al noreste ahí estaba nuestra casa de frente nos daba y yo miraba tu pelo sacudirse en los orificios del jockey como las delicadas ramas de los árboles y al voltear la mirada hacia arriba dios nos ve nos decían dios obra de manera misteriosas decían y el arroyo sonaba a metal encadenado a: un cuello a la quijada nariz envuelta en perfume sudor que se desparrama en el metal del metal a las prendas dios: estamos verdes por una botella de cabernet sauvignon o un sauvignon blanc al punto de congelarse y que gotas caigan en nuestros codos o en nuestra ropa oscureciendo lentamente la pulóver o manchando tu chaquetón de poliéster y regalarnos el olvido o mejor
sí mejor
olernos las uñas después de acariciar lavandas o las hojas del naranjo de la misma manera con la que nos acercamos a todo lo que nos duele.
solo me dio frío tu calor
el sol se reflejaba en un espacio que retenía un poco de agua ahí se originaba una difusa estela de luz proyectada en la cruz del cerro pero no podíamos ver su sombra hasta ahí aún no elegíamos la mejor malla de limones estábamos por culminar el viaje los cactus son hombres extraviados o no? cactus repletos de flores y otros solo orquestando espinas en las sombras de las espinas sobre el suelo y las rocas rodeadas de otras más pequeñas y tus manos eran las más pequeñas y tiernas de las manos en la arenilla mirándolas y desde lejos cerros de vida muerta un bioma en el que nunca estaremos del todo como las tormentas que nacen más allá del mar nosotros para ese momento del trayecto pensábamos en bucear hundirnos abrazados a un cinturón de acero pero siempre nos quedaba por descender:
solo podemos mirar para fuera y
pronto estaremos
como recién vertidos al mundo
dejando que la sandía
escurra por nuestros brazos
oliendo
palpando
escupiendo semillas al suelo
mirándonos a los ojos
y decir
sí, me encanta tu voz
sí, este sol como quema
o un sí, ya sé que me estás mintiendo
y equivocarse: contentarse con el error
humedales a los costados animales flotaban y otros se deshacían al pasar de los autos mientras el mar traqueteaba las cosas solo un par de veces estaríamos ahí arriba de la roca más alta ahí donde escribieron helena y antonio estuvieron aquí y nunca más volvieron.
tanto tiempo disfrutamos de este amor
mira las estrellas son tantas son tantas y están tan cerca como si estuviesen todas descansando sobre tus hombros entonces para eso era ideal recostarse en tu jardín repleto de picorocos secos son las conchas decorativas de tu casa donde lagartijas perforaban las siluetas de la familia donde el sol rebota hacia nuestros cuerpos encocados o bañados en bloqueador el viento circulaba a través de las piedras erosionadas mientras hablan de los esteros aguas que pasan por debajo del puente del otro que viste en el camino de aquel en el que nos bañamos y por la noche más despejada cruzan satélites gigantes en el cielo ese carril de luces que hizo reafirmar el metal la soledad humana es: pensarnos solos aleatorios insignificantes y me dices tan sola yo que he estado como:
un barquito en el fondo del mar dices y yo te pensé como el espacio microscópico de donde nacen las burbujas en los pozones del camping ese trocito de tierra y de aire donde nacen las casas susurraste tus ojos son luz de estero proyectado hasta las puertas del Elqui tus puertas y la oscuridad éramos también nosotros.
Diego Urzúa Valdés (Santiago de Chile, 1998) es abogado y escritor. Becario de la Fundación Pablo Neruda durante el año 2023. Fue incluido en la antología de poesía Primero Sueño (LOM, 2024). Sus textos también han sido publicados en la revista Origami.
- Instagram:@urzald
- e-mail: dg.urzuav@gmail.com