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Atisbos de literatura iberoamericana

Preguerra de Tania Pleitez Vela

por María Cecilia Graña

tania pleitez vela (1969, San Salvador, El Salvador). Doctora en filología hispánica por la Universidad de Barcelona. Actualmente profesora de literatura y cultura latinoamericana en la Universidad de Milán. Ha publicado la biografía Alfonsina Storni. Mi casa es el mar (Espasa-Calpe, 2003, España) y las monografías Literatura. Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador (Fundación Accesarte, 2012, El Salvador) y Sólo tú, noche. Apuntes sobre la autoría de María Eugenia Vaz Ferreira (Editorial Ojo de Cuervo, Grup de Recerca Cos i Textualitat (UAB), 2023, El Salvador, España). Reeditó El tránsito de fuego (Ediciones Sin Fin, 2019, España) de Eunice Odio. En poesía ha publicado Nostalgia del presente (Índole Editores, 2014, El Salvador), Preguerra (Editorial Kalina, 2017, El Salvador) y Semillas desterradas (Ediciones Sin Fin, 2022, España).

Preguerra de Tania Pleitez Vela es un libro sobre la espera, sobre la intuición angustiosa de que el desastre ha de llegar y, por otro lado, sobre la búsqueda –como lo manifiesta el epígrafe de María Zambrano– de una sonrisa en el momento extremo de tensión ("la preguerra que hierve en su eje"). El sujeto poético se alimenta de un ‘tú' y de un pasado que ya no está y, a través de esta nutrición, logra ver lo que el olvido y "el hálito de la guerra" han borrado y decir lo que cuesta muchísimo expresar por el grado de angustia que acarrea consigo. Es también una poesía de la impotencia: a ese ‘tú' el dolor le aprieta, ("pinza"), pero ella no tiene instrumentos para combatir el silencio, encerrada como en un huevo cuyo cascarón es el silencio. De hecho, conserva su condición miserable entre lo alto y lo bajo: "Quieres salir de esa piscina y allí te quedas /orinada y cagada/ entre cloro y champán" ("El miedo y lo minúsculo").

Pero llega el momento en que ese tú logra romper el silencio, rajar la piedra durante el estado de preguerra ("Vocablos") aunque el proceso de esa ruptura implique tantear otras formas de expresión: "esculpes", "moldeas", formas más ‘materiales' del lenguaje pero que aquí se vuelven ecfrásticas. Y romper el silencio significa, paradójicamente y al mismo tiempo, enfrentarse con el vacío y lo absoluto por medio de metáforas e imágenes auditivas: "Oyes el zumbido de un insecto que muerde a pedacitos / lo absoluto." ("Despierta").

Las cinco de la tarde es la hora de varios de los poemas ("Antes del escupitajo del crepúsculo" ("El miedo y lo minúsculo") y la alusión a Lorca sugiere que este volumen de poesías es, asimismo, una "lamentación" o un treno por un pasado que ya no está, por haber dejado atrás la propia tierra ("Exilio") y la propia infancia: de hecho, la interlocutora –alter ego del sujeto poético– es la "pequeña". Pero el poemario es también la expresión de un gran dolor porque el yo, en un "aquí" que no es el allá de la infancia, evidencia una condición sufriente por lo híbrida, y ni siquiera eso (ahora "alas", antes "escamas" pero "mis escamas no combinan con mi ahora"; "Pez-pájaro. Ni una cosa ni la otra. Péndulo caótico"). Por lo tanto, el dolor es una espada que atraviesa al yo y "perfora hondo" ("Exilio").

Cubierta del libro «Semillas desterradas», de Tania Pleitez Vela, publicado por Ediciones Sin Fin (2022), el cual incluye la versión íntegra de «Preguerra».

Ese "tú" al que el yo apela es lo primordial ("Animal"), lo básico y terrestre, lo que está anclado y enraizado, condición perdida en el sujeto poético que "plantada está" pero en un lado que no es el suyo y donde vive con la mirada ofuscada ("un cuervo picotea mi mirada"), donde el silencio prevalece. Quizás por eso, el intento del "yo" de este libro es buscar los vocablos del tú, darle la palabra a "la pequeña" que pareciera haberse dejado atrás. Sin embargo, ese tú participa del ahora y aunque esté asimismo en un in between, en un umbral, habita en la sangre del sujeto poético. El título de la poesía retoma una frase hecha de comunidades que se fundan en el ‘compartir': "Tu casa es mi casa". Sin embargo, aquí compartir significa, desgraciadamente también, enfrentar el recuerdo de "la esfera abatida de la preguerra". Las metáforas se suceden para definir la tierra que ha quedado atrás: "Tu país tiene médulas de llanto, fósiles de rabia" ("El miedo y lo minúsculo").

Así pues, el recuerdo concreto inicia con "Compañero de escuela, 1977" y aparece por medio de una metonimia ("el torso de niño") en la que se advierte cómo el "todo" se fundamenta en la persecución y el odio ("quiere dar palizas a comunistas y mariquitas"). Mientras comienzan a aparecer los datos de la preguerra ("Comentan el último secuestro") se ofrece la visión de una clase social –común a otros países latinoamericanos– europeizante, cerrada y políticamente conservadora, aquí enmarcada por imágenes auditivas, siniestras en este contexto ("el zumbido de los chacos") –el ruido al golpear el pasto o las ramas de lo que rodea la presa para cazarla.

"Fiesta de toque a toque" parece sugerir un encuentro social entre un toque de queda y otro. Siguen las escenas en las que se representan a sectores acosados por el miedo que ellos disfrazan de odio; sectores en contraste con sus propios empleados a su disposición, definidos por símiles y metonimias ("pies que parecen tronco viejo") por estar siempre de pie, ejerciendo la servidumbre. Por esos lugares y sectores merodea la "pequeña" que, paciente testigo, observa durante la noche esas separaciones sociales y económicas, para terminar desmenuzando "la aurora" al final del toque de queda.

"Filosofía prístina" reconoce que el yo y el tú son una misma persona; por lo tanto "es inútil detenerte, detenerme"; hay un merodear el vacío y lo absoluto, hay un empujar hacia la trascendencia, pero sabiendo que quien habla en el país dejado atrás, corre el riesgo de morir "por no querer callar". Si bien en el contexto del tú se asocian la Biblia con Beethoven, la ‘pequeña', quiere "desgarrar lo aprendido" y, para romper el silencio, prefiere habituarse al vacío y al absoluto, aunque el costo sea acostumbrarse "demasiado rápido / a ese ágil roedor que es la desolación." La palabra ha sido dada a la pequeña, testigo de una época tremenda en su tierra, a través de símiles, metáforas, personificaciones, animalizaciones. Todo un artificio retórico en función de volver "decible" lo indecible.

La conclusión del poemario ofrece una forma de salvación: fundirse y transformarse con y en la tierra. Así pues, ese ‘yo- tú' con sus piernas "que son troncos" como los de la empleada doméstica de "Fiesta de toque a toque" –aunque aquí ("El abrazo de Gaia") sean "alados"– se transforma en el dios de la elocuencia y del intercambio, Mercurio: la poeta.

María Cecilia Graña . (1946, Villa María, Argentina). M.A. y Ph.D. de la Universidad de Harvard (1980). Profesora de Lengua y literaturas hispanoamericanas en la Universidad de Verona (2000-2016), actualmente Prof. Senior y colaboradora. Ha coordinado volúmenes y un dossier sobre el poema extenso: ‘La suma que es el todo y que no cesa’ El poema largo en la modernidad hispanoamericana (Beatriz Viterbo, 2006, Argentina); Il poemetto /poema extenso/long poem/ langes gedicht/poema longo/poème long. Un esempio novecentesco di ricerca poética (CUEC edizioni , 2007, Italia; seleccionado como el mejor trabajo crítico por el CIVR del ateneo de Verona 2004-2007); Dossier “El poema largo”. Cuadernos Americanos (n.138, año XXV, octubre diciembre 2011, México). Es autora del libro de poesía Puertas (Huesos de Jibia, 2020, Argentina).

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